Vayamos de lo macro a lo micro, como dicen en el ejército.
Dios. No se si hay tal cosa.
Pero me gusta reformular la pregunta de la siguiente manera:
¿Por qué el ser y no la nada? Porque Dios.
Y entonces si me preguntan si creo en Dios respondo que sí.
Siguiente:
Vida.
Estoy bastante seguro de que sí hay tal cosa. pero, ¿Qué es?
Mi intuición es que las dos principales ideas que más nos acercan son ¨sinergia¨ y ¨homeostasis¨.
Según Wikipedia:
La sinergia es todo lo que hace referencia a un fenómeno por el cual actúan en conjunto varios factores (...), observándose así un efecto conjunto adicional del que no hubiera podido esperarse operando independientemente (...). En estas situaciones, se crea un efecto extra debido a la acción conjunta o solapada, que ninguno de los sistemas hubiera podido generar en caso de accionar aisladamente.
La homeostasis (del griego ὅμοιος hómoios, ‘igual’, ‘similar’, y στάσις stásis, ‘estado’, ‘estabilidad’) es una propiedad de los organismos que consiste en su capacidad de mantener una condición interna estable (...), compensando los cambios en su entorno mediante el intercambio regulado de materia y energía con el exterior. Se trata de una forma de equilibrio dinámico que se hace posible gracias a una red de sistemas de control realimentados que constituyen los mecanismos de autorregulación de los seres vivos.
Y ahora también, ya que hablamos de homeostasis, dice Spinoza:
Cada cosa se esfuerza, cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser.
Con esto último quiero pasar a la cosa siguiente de la quiero hablar, que es ¨alma¨.
Y para explicar cómo llegué a mi intuición de lo que es el alma quiero contar una anécdota.
Esto fue hace más o menos trece años ya, en el 2011 o 2012.
Estabamos con mi amigo Facu -excelente músico y ajderecista- una tarde de otoño en su casa en Barrio Los Naranjos. No me acuerdo si lo planeamos o fue espontaneo, pero decidimos cocinar fideos con crema de marihuana, con flores que él había cosechado.
Me acuerdo que nos sentamos a comer la pasta con la salsa super calórica y psicoactiva en el balcón-patio-terraza, que daba a la calle Vieytes de un lado y al jardín de su abuela del otro.
Un rato más tarde, cuando los efectos psicodélicos solo se iban empezando a sentir, fuimos a su cuarto y pusimos Yellow Submarine en su computadora, que tenía un monitor lo suficientemente grande para ver películas.
No me acuerdo si él la había visto ya, pero yo si, varias veces en la infancia. Crecí fanático de los Beatles.
Después de quince minutos de película, la salsa de faso ya me había empezado a pegar fuerte. Cuando llegó el clip de Eleanor Rigby, me inundaron emociones intensas de nostalgia, y después esas emociones empezaron a metamorfosear en otras, más abstractas.
En eso, empecé a sentir demasiada concencia de mi cuerpo. Sentí como si puediese fijar mi atención en cada proceso fisiológico, y percibirlo suceder en tiempo real. ¿Fueron alucinaciones? No se, no importa. Para mi, en ese momento, yo podía por ejemplo sentir a mis riñones filtrándome la sangre, y a mi vejiga acumulando la orina que se iba destilando, gota por gota. Me acuerdo muy patente la sensación.
Empecé a cuestionarme (como tantas veces) si había acaso algo que me diferenciase de cualquier otro objeto material, de una máquina biológica. Sentí como mis propios pensamientos estaban condicionados por las limitaciones de mi cerebro, procesador electroquímico.
Sentí que quería deseperadamente encontrar algo que no fuera materia, pero que buscando más y más profundo adentro mío, lo único que encontraba era vacío. Y que de alguna forma caía en el, en ese vacío sin fondo. Y sentí pánico, por un segundo.
Lo que sucedió en el segundo siguiente, mientras mirábamos Yellow Submarine con Facu en su cuarto en Barrio Los Naranjos, es que entendí que ese pánico era el pánico más primordial, el miedo a dejar de ser. Porque esa era la conclusión que se deseprendía de ser una ¨mera¨ máquina biológica: que no hay meta-física, que no hay más allá. Que la máquina se descompondrá, en algún momento, que cuando llegue será el presente, y luego el pasado por el resto de la eternidad. Y ya no seré, sino que habré sido, por un instante infinitesimal en la historia del tiempo.
Pero pensé entonces que ese pánico, ese mismo pánico era el alma. Y todavía lo pienso.
Rebobinando: Ese pánico es ¨el esfuerzo de cada cosa por perseverar en su ser¨. Y, ¿por qué el ser y no la nada?
En fin...
Hace tiempo que tenía ganas de dejar registrados en algún lado estos pensamientos. No porque tengan algo de nuevo, sino para tenerlos a mano.
Muchas de las cosas que creo, o que hago, tienen que ver en alguna instancia con esta forma en la que veo las cosas.
Hablé con Facu hace unos días. Quería felicitarlo por el nacimiento de su hija Rocío, y decirle que lo extraño.
Me enteré de que había sido papá por terceros.
Estando en Córdoba de visita hace unos meses, fui a comprar pan de masa madre en un negocio de orgánicos, y hablando con la dueña nos dimos cuenta de que ella sabía quien era yo, porque había sido pareja del papá de Facu varios años. Y ahí ella me contó que Facu, que vive en México hace hace ya varios años, era papá ahora,
Me emocioné, y también me puse triste de quién había sido alguna vez uno de mis mejores amigos fuera hoy casi un desconocido, hasta el punto de enterarme de una cosa así por pura coincidencia. Me dieron ganas de ponerme en contacto con él, pero le escribí recién ahora, hace un par de días.
La conversación hizo que no me pueda hacer más el boludo con las razones de nuestro distanciamiento, y de haber dado tantas vueltas para escribirle.
Obviamente surgió muy rápido el tema de que hice el servicio militar acá en Israel, de que soy reservista y estuve en Gaza. De que soy, como dijo el, ¨un Lord Sith¨. De que los pibes no pueden entender cómo pude terminar tomando semejante camino y semejantes decisiones. De que por allá son todos ¨team árabes¨.
Pero no estuvo hostil, para nada. Me cayó la ficha de que realmente no lo puede entender. A veces me olvido de hasta qué punto las versiones de la realidad en la que vivimos, son tan radicalmente distintas.
Después me dijo: ¿Te acordás la vez que comimos fideos de faso?
Y yo: ¡Sí! ¡Esa vuelta entendí lo que es el alma y justo tenía ganas de ponerme a escribir sobre eso!
Y el: ¿Cómo un pibe que entiende lo que es el alma se puede terminar enlistando en el ejército de Israel?, eso es lo que no se puede entender...
Y bueno, eso me motivó a realmente aprovechar esta ventana de tiempo libre que se me abrió entre semetres, y ponerme a escribir este blog, donde quizás pueda ensayar algunas respuestas.
Si empecé por estas ¨intuiciones existenciales¨ es por dos motivos;
Uno es que el tema, y la anécdota, se inscriben dentro de esta conversación con Facu que me motiva a escribir.
El otro es porque muchas de las cosas que pienso, y que van a ser parte de las respuestas que ensaye, tienen que ver en alguna instancia con que esta es la forma en que veo la existencia, la vida, la perseverancia en el ser.
Comentarios
Publicar un comentario