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Jurío (Parte 1)

Nací, me crié y viví hasta los veintitres años (con un par de interrupciones) en Barrio Las Flores, Córdoba.

Para el que no conoce, es un barrio en el sur de la ciudad. Si vas para el norte, por Velez Sarsfield o por la Belardinelli, pasás por Barrio Ejército Argentino, que son un par de manzanas de monoblocks estilo soviético, después cruzás las vías del tren, y estás en Ciudad Universitaria. Un poquito más y llegás a Nueva Córdoba y después al centro.

Es un barrio de clase media, o media baja, o trabajadora, o como se le quiera llamar. Gente humilde, pero  dueña de su propia casa, que en general tiene un gran jardín atrás, con parras, limoneros, nísperos, y todo tipo de cosas lindas que hacen sombra en verano. Alguno tenía incluso un gallinero cuando yo era chico. Posiblemente lo siga teniendo, a decir verdad.

En los últimos años muchas casas, que eran de una sola planta, construyeron una segunda, donde vive la nueva generación. O una unidad en el fondo del patio de atrás, que alquilan. O cosas por el estilo.

En el barrio vive una comunidad gitana que posiblemente sea de las más grandes de Argentina. Tengo el recuerdo borroso de ellos viviendo en una gran carpa, como de circo, en un terreno baldío a una cuadra de mi casa, hace muchos años. Hoy en día son dueños de un montón de casas en el barrio, que interconectaron entre sí. Voy a volver a mencionar a los gitanos más adelante.

Mi barrio es muy católico. El centro de la vida comunitaria es la iglesia San Francisco de Asís y el colegio de curas del mismo nombre, que quedan a una cuadra de mi casa. Mis amigos del barrio fueron todos a ese colegio. Mi hermana y yo no. A nosotros nos mandaron a otros colegios, láicos, un poco más lejos.

De vez en cuando (nunca entendí bien en qué fechas), la iglesia organiza procesiones. Ponen altoparlantes en todos los postes de luz de mi calle, por los que se escuchan los sermones y los rezos de los curas que conducen la ceremonia. La gente sale a la calle y desfila con velas, suplicando perdón por sus pecados, cargando figuras de la Virgen, y del Niño Jesús, y todo eso. Es un barrio muy católico, en serio.

Uno de mis mejores amigos de la infancia era el Leo, que vivía (vive) a tres casas de mi casa. Hasta el día de hoy me se de memoria su número de teléfono.
-¡Hola! ¿Está el Leo?-

El Leo, Leandro, era un poquito más chico que mi hermana mayor, y más o menos cuatro años más grande que yo. Era el más chico de tres hermanos, pero varios años después le nació una hermanita menor, y perdió el puesto. 

Los cuatro hermanos fueron al colegio San Francisco de Asís, y su abuela, la Rogelia, iba a misa todos los domingos. Tengo una foto de la Rogelia acá en mi cuarto en Jerusalén (la foto es de mi abuelo conmigo, pero la Rogelia aparece también, al fondo, tomando mate con mi abuela).

Un día, creo que estábamos jugando en la vereda cuando el Leo me dijo:

-Yo soy Católico Apostólico Romano, ¿y vos?

Pensándolo ahora, me imagino que él habría empezado por entonces las clases de catequesis, y se habrá emocionado de descubrirse parte de una organización con un nombre tan impresionante.

Lo único que sabía yo de los romanos por ese entonces era lo que había leído en la historietas de Asterix y Obelix ("están majaretas estos romanos"), así que no lo debo haber entendido. Pero supongo que algo me debe haber explicado, porque de algún modo entendí que la cuestión tenía que ver con creer o no en Dios.

Y nosotros en mi casa no creíamos en Dios, así que no se qué le habré contestado .

Pero sí recuerdo bien más tarde preguntarle a mi mamá, que posiblemente estaba ocupada cocinando o haciendo alguna otra cosa:

-Ma, el Leo dice que en su casa son  Católicos Apostólicos Romanos. ¿Nosotros qué somos?

Y ella me contestó, a secas: "Judíos".




¿Cuál es la cuestión? Que cuando yo hice la pregunta, a mi entender, "Católicos Apostólicos Romanos" significaba "que creen en Dios", y por ende, "Judíos", la respuesta que recibí de mi mamá, tenía que ser la palabra que designaba a los que no.

Ahora que estudio matemáticas entiendo que eso se llama "el conjunto complementario".

Eso era en realidad lo que yo estaba tratando de preguntar: "Si los que creen en Dios se llaman Católicos Apostólicos Romanos, lo que somos nosotros (es decir los que no), ¿Cómo se llama?".

Así fue que, al no conocer la palabra "ateo", durante varios años de mi infancia usé la palabra "judío" pensando que ese era el significado.

Tengo el recuerdo de estar en el estacionamiento del edificio de mi abuela en el momento en que entendí que existía la palabra "ateo", y que "ateo" y "judío" no eran la misma cosa. Si me quedó un registro sensorial de ese momento debe ser que me debo haber sentido bastante desconcertado. 

Para mi, hasta ese momento, no creer en Dios (es decir, "ser judío"), tenía un significado, era parte de mi identidad. Porque incluso en mi colegio láico, la mayoría de mis compañeritos, si no todos, habían sido educados "creyentes", por lo que yo sentía que "ser judío" (es decir, no creer en Dios) era algo especial mío, que me hacía distinto a los demás.

Entones si de repente me decís que judío y ateo no son la misma cosa, me deberías dar un par de explicaciones. Al fin y al cabo me dijiste que éramos judíos cuando te pregunté cómo se llamaba lo que éramos, y ahora me decís que no creer en Dios se dice ateo, y ni si quiera suena parecido. ¿Entonces por qué me dijiste que éramos judíos? Ser Judío, ¿Qué es?

Bueno, ahí fue que recibí una vaga explicación acerca de que hubo una vez, hace mucho tiempo, un reino en un lugar muy lejano, que se llamó Judea, y que nuestros antepasados vinieron de ahí, y por eso somos judíos. Tiene sentido, ¿No?, vivimos en Argentina, somos argentinos, venimos de Judea, somos judíos. Fin de la cuestión.

Con el tiempo esta identidad fue adquiriendo contenido para mi, pero muy de a poco, porque nunca fue nada demasiado central en nuestra vida. En algún momento aprendí lo que fue el holocausto, y esuché historias como las de Anna Frank. Entendí que buscaban a los judíos para matarlos por su "raza". Hasta entonces había escuchado usar la palabra raza solo para referirse a perros. Teníamos una perra "Ovejero Alemán". Se llamaba Vedette. Qué buena perra. Después tuvimos otra ovejera alemana, la Tala. 

Qué divina la Tala.

Más adelante lo tuvimos al Boris. Un schnauzer gigante. El mejor perro del mundo el Boris.

Resulta ser que en Alemania, hace no muchos años, en la época de mis abuelos, si eras "un cuarto judío", porque tenías un abuelo de esa "raza", te buscaban en tu casa para matarte, a vos y a toda tu familia, sí, por increible que suene. Y si te escondías en el covertizo o en el sótano, te encontraban y te llevaban igual. Enterarme de eso le dio al tema de ser judío todo otro significado. Muchas veces me imaginaba donde me escondería si los nazis nos vinieran a buscar.

Alguna vez, otro amigo que tenía en la cuadra, me dijo que no lo dejaban jugar a la vuelta de la esquina, porque los gitanos "robaban chicos". Cuando le conté esto a mi mamá, ella se indignó.

"Esas son pelotudeces. Lo mismo decían de los judíos. "

Más adelante me enteré de que además de matar judíos los nazis mataban gitanos también.

En algún momento, llegó a mi colegio primario un alumno nuevo, medio raro. Era un nene muy amoroso, pero distinto, medio raro, así que nos caía mal. Resulta ser que era judío, me enteré después. Pero éste era judío en serio. No es que fuera religioso, sino que su familia formaba parte de "la comunidad", celebraban las fiestas, iban al templo y todo eso. Me enteré de que era judío porque en algún momento vino y me dijo que yo, y otra nena, Debi, éramos judíos también, "de la misma tribu". Debi estaba en mi clase en el cole desde jardín de infantes y yo no tenía idea de que era judía, me enteré por el.

La verdad es que en ese mismo instante él y Debi me cayeron mejor. 

En cierta medida traté de hacerme amigo de este chico. Alguna vez hasta fui a su casa y todo. Pero a la vez me quería diferenciar de el. Hasta llegué a sentir por el una especie de desprecio irracional, inexplicable. Tengo el recuerdo de una profesora retándome a mi junto a otros nenes por "patotearlo" en algún recreo.

Hoy pienso que eso que en aquel entonces yo y mis amigos sentimos por él, era antisemitismo, en su versión más instintiva y natural. 

Al karma de haberle hecho bulling lo pagué en el secundario pocos años después, donde por unos años fui un paria. Pero eso no es interesante, supongo que lo menciono porque todavía siento algo de culpa.

De todos modos, de adolescentes nos hicimos amigos, el y yo y todo el grupo de la primaria. Nos encontrábamos en su casa para hacer previas antes de salir a boliches a donde rara vez nos dejaban entrar. Nunca nos reprochó haberlo maltratado de chicos.

Pero vuelvo ahora de nuevo varios años atrás.

Cuando yo tenía siete años, mi abuela cumplió ochenta, y llegaron a visitarnos primos y tíos desde España y desde Israel. Es el primer recuerdo que tengo de ellos. Pasamos esas vacaciones todos juntos en una casa alquilada en Tala Huasi, en las sierras.

Mis primos israelíes tenían casi treinta años. Hablaban español con acento raro y eran muy simpáticos. Mi prima más grande vino con su marido, y con una bebé recién nacida. Los primos catalanes estaban más cerca de la edad mía y de mi hermana, así que a la mayor parte del tiempo la pasamos jugando con ellos.

En el 2005, me pasé de mi colegio primario, el "Instituto de Niños Músicos", al Belgrano, un secundario gigante, al que iba mi hermana también. Al año siguiente, poco después de cumplir doce, empezó en Israel la segunda guerra del Líbano. Y logicamente me acordé mucho de esos primos israelíes que había conocido, y de mi primita bebé. 

Los medios, y mis compañeros del colegio, y todo el mundo, si hablaban del tema, era en contra de "la invasión israelí del Líbano". Yo discutía, usando los argumentos que escuchaba en casa, que no eran demasiado elaborados, pero sí mejor informados.

El recuerdo que tengo es de discutir con uno de los pocos amiguitos que había conseguido hacer. El me decía que el estaba del lado del Líbano porque el colegio primario al que él había ido se llamaba "República del Líbano". Yo le decía que el problema no era con el Líbano, sino que había una organización terrorista adentro del Líbano, que se llamaba Hezbollah, y que tiraba cohetes a Israel, donde yo tenía familia. Y yo le decía el típico: "Si hubieran terroristas que nos tiraran cohetes desde Urguay, ¿No esperarías que Argentina se defienda?" Y agragaba, enojadísimo: "Si le llega a pasar algo a mi primita te juro que voy yo mismo y los hago cagar a todos".

¿Qué es lo que estoy contando acá? Que este fue posiblemente el momento en el que en que además de haberme enseñado que era judío, en mi casa me hicieron sionista.

Esto es algo que se repitió. Hubo de nuevo quilombo en la franja de Gaza en el 2008, y de nuevo lo mismo. Todos los medios en contra de Israel, y el sionismo en mi casa exacerbado. Debe haber sido por ese entonces, ya con acceso corriente a internet, que me puse a leer acerca de la historia del Estado de Israel. 

Por cierto, yo por ese entonces había leído el manifiesto comunista y había decidido que esa era mi ideología. ¿Por qué? Supongo que habría suficientes mensajes alrededor mío para hacerme creer que esa era una buena idea. Además, ¿Escucharon el disco "Oktubre" de los redondos alguna vez? ¿Vieron ese video del himno de la URSS? 

Me encantaba la historia socialista de Israel, de los kibutz, las granjas comunitarias. El estado que había construido un país desde cero con políticas colectivistas. El judaísmo láico. El Palmaj, que era la guerrilla socialista previa a la creación del estado. Como los guerrilleros en Argentina, solo que habían ganado (sí, en ese entonces admiraba también al ERP). El ejército de Israel, un ejército popular (armas para el pueblo) que había vencido a los agresores árabes en minoría numérica. Ben-Gurion, Moshe Dayan, Golda Meir....

No me pasó demasiado a menudo que tuviera que discutir con gente acerca de Israel por ese entonces. Terminadas las épocas de guerra, que eran cortas, todo el mundo se olvidaba y dejaba de formar parte de los temas de conversación. 

Pero las pocas veces que el tema surgía, tampoco había mucho que disctutir, porque mis eventuales interlocutores eran demasiado más ignorantes del tema que yo. Recuerdo escuchar repetidamente cosas como que "Estados Unidos fundó Israel para los judíos después del holocausto", y boludeces por el estilo. Recuerdo una discusión con una chica que me decía que yo no era judío, porque ser judío era una religión y yo no era religioso. Y yo trataba de explicarle que no, que no era solo una religión, que era una identidad nacional, pero no entraban balas. Era imposible de explicar.

Además, fuera de épocas de guerra, nuestra simpatía por Israel en casa también tenía límites. Al fin y al cabo éramos de izquierda, y en Israel governaba la derecha. La misma derecha que había asesinado al primer ministro -y heroe del Palmaj- Itzjak Rabin, por haber firmado acuerdos de paz con los palestinos.

Así que mi punto de partida siempre era "OBVIO que no estoy de acuerdo con el gobierno que tiene Israel ahora..."

Dicho todo esto, necesito aclarar algo de nuevo. Estoy contando la historia de mi identidad judía y sionista. Por eso el foco en todo esto. Pero hasta que cumplí diecinueve, Israel y el judaísmo no fueron nunca demasiado centrales en mi vida. La enorme mayoría del tiempo no me ocupaban en absoluto estos temas. Si mencionaba seguido el tema de ser judío con mis amigos es porque me encantaba hacer chistes autodespectivos con el tema. Nada más.

Breve repaso de elementos de mi identidad judía a los diecinueve años, antes de seguir.

Para esa edad, no había estado ni una sola vez en una sinagoga. No estaba circuncidado (ni lo estoy ahora). No sabía que significaba Pesaj o Rosh HaShaná. Pero más o menos cerca de la fecha nos juntábamos a comer en lo de mi abuela y ella hacía comida judía ashkenazí: guefilte-fish, tzimmes (ella le decía esi-fleish), holodietz, knishes, varénikes, kneidelaj. 

Al estereotipo del judío neurótico no se cuándo lo descubrí. Si con Woody Allen, o con Seinfeld o cómo. Pero lo entendí rápido, me identifiqué, lo incorporé. 

Si veía apellidos judíos en los créditos de una película, o me enteraba que cierta persona notable era judía me entusiasmaba. Del mismo modo que me entusiasma que Vigo Mortensen sea argentino.

Eso era más o menos todo, amigos.

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