Empecé a escribir esta serie de textos después de haber retomado contacto con mi amigo Facu, hace un año más o menos. En el primer texto mencioné que en la conversación que tuvimos me había planteado en forma directa lo que él sentía acerca del camino de vida que tomé, pero que no había estado para nada hostil.
Empecé a escribir teniéndolo a él como implícito, fantaseado, destinatario. La fantasía era exponerle mi visión del mundo, tender un puente para que pueda, no necesariamente compartir, pero sí entender aquello que él dijo que le parecía incomprensible. No sé si alcanzó a leer algo de lo que escribí.
En junio del año pasado, viajé a Berlín a visitar a mi novia que estaba haciendo un semestre de intercambio allá.
Pensaba ir por cuatro días pero terminé quedándome dos semanas, porque la misma noche que llegué a Alemania empezó la primera operación aérea de Israel en Irán. Se cancelaron todos los vuelos y recién cuando se anunció la tregua pude volver, a través de una conexión en Chipre.
No puedo decir que lo haya sufrido. En lugar de pasar esas dos semanas yendo y viniendo del refugio, las pasé con ella y con uno de mis mejores amigos, que vive en París y viajó a visitarme. La mayor parte de cada día la pasaba en las bibliotecas públicas de la ciudad, que me fascinaron, cursando a distancia mi semestre en la facultad, que por la guerra pasó a hacerse por Zoom.
Mi biblioteca favorita fue la "Stabi" (Staatsbibliothek zu Berlin) de la parte occidental, donde se filmó esa escena de "Wings of Desire". Inmediatamente después: la Stabi del este, la biblioteca de la UdK (Udeká, la llaman los alemanes), la biblioteca del "Jacob-und-Wilhelm-Grimm-Zentrum". Una más impresionante que la otra. Y también es hermoso que los alemanes, a diferencia de los israelíes, estudian en silencio. La sala para "estudio ruidoso" en la Stabi del este me pareció más silenciosa que cualquier biblioteca en Israel.
![]() |
| La Stabi, en la película de Wim Wenders |
Mi novia fue muy inteligente al elegir hacer en Berlín el semestre de primavera-verano. Todos los días que estuvimos allá hizo un clima perfecto. Aprovechamos para pasear bastante.
Un día estábamos viajando en el metro a no me acuerdo dónde, cuando recibí un mensaje de Facu. Primero me sorprendí para bien, porque a pesar de que "habíamos retomado el contacto" hacía unos meses, lo cierto es que realmente no habíamos seguido hablando después de esa primera conversación que habíamos tenido. Abrí el mensaje y vi que adjuntaba un enlace a una noticia sobre los planes de Israel de invadir Rafah. Junto al enlace, unas breves palabras insultándome, y unos emojis de calaveras.
Cosas que pasan.
Puede que eso haya afectado a mi motivación de seguir escribiendo. Puede que haya sido solo una excusa, ya que no sabía muy bien por dónde seguir. Lo cierto es que va a ser un año desde la última vez que escribí algo.
Lo que me dio motivación ahora, muchos meses después de haber vuelto de Berlín, en medio de una tregua en una nueva guerra con Irán, fue descubrir que Claude Opus 4.6 puede hacer unas traducciones muy decentes de lo que escribo al inglés, e incluso unas plausibles al hebreo, y que así puedo compartir estos textos con algunas de mis personas cercanas de aquí.
Un amigo del ejército, al que admiro mucho, y que entre otras cosas estudia filosofía, me escribió por WhatsApp acerca del primer texto (el que habla de mis intuiciones existenciales) lo siguiente:
"Creo que este texto dialoga de manera más profunda con el movimiento filosófico del siglo XX conocido como la fenomenología, con el cual quizás te topaste de manera independiente (un gran honor en la tradición judía), así que voy a escribir algo más extenso en lugar de simplemente decirte que uses Claude:
Vos y Facu compartieron una experiencia fenomenológica de su ser-para-la-muerte, tomando conciencia de la finitud de la vida y de la angustia que acompaña a esa comprensión, pero llegaron a conclusiones opuestas que en realidad reflejan el cisma entre Heidegger y Levinas.
Vos representás la posición heideggeriana: que la confrontación con el ser-para-la-muerte debería llevarnos a la aceptación de nuestra 'condición de arrojados' (Geworfenheit) en este mundo, es decir, el hecho de que no existimos como un 'Yo' cartesiano incorpóreo y separado de nuestro cuerpo, sino únicamente como un Ser 'arrojado' al mundo con experiencias y características que nos fueron impuestas sin que las hayamos elegido. Lo único que cabe hacer, entonces, es vivir de manera plenamente auténtica y aceptar y asumir radicalmente esa condición de arrojados, nuestra situación concreta. Creo que, al unirte a las FDI, eso es justamente lo que hiciste.
Facu, en cambio, representa la posición levinasiana, según la cual la confrontación con la propia vulnerabilidad fundamental (y, por extensión, con la vulnerabilidad del Otro) debería producir una exigencia ética: 'No matarás', que vos, como soldado israelí, transgrediste. Esa exigencia ética debería ir más allá de cualquier situación concreta, porque surge de una toma de conciencia pre-ontológica de la vulnerabilidad."
Y después agregó:
"Si puedo hacer una crítica, creo que se podría pensar con más profundidad y explicar mejor el punto en el que, en determinado momento, llegaste a la conclusión de que 'no hay metafísica', y sin embargo después sí recurrís a la metafísica de Spinoza y al alma."
A lo que le respondí:
"Sí, en verdad la metafísica de Spinoza contradice por completo el pánico que sentí. Tal vez valga la pena aclarar que, en el momento en que entendí que ese pánico era el alma, eso pasó a ser mi metafísica y me calmé."
(Y agregué, acorde a su crítica, una corrección al texto original.)
Después le dije:
"Pensé que tal vez, en algún momento, podría escribir sobre la idea de que un pueblo también es una especie de ser vivo decidido a perseverar en su existencia; esa me parece una razón más verdadera detrás de mi sionismo, mi motivación para hacer aliá y enlistarme".
Y él:
"Es una postura interesante; de hecho, hablé bastante sobre ella en mi último semestre. Quien mejor la representó fue Hegel. Pero cuando uno lo piensa bien, es más difícil de justificar de lo que parece."
Más o menos en eso quedó la conversación, y después me dio, a pedido mío, algunos consejos sobre cómo asomarme un poquito al pensamiento de Heidegger y Levinas.
Creo que uno siempre, en forma implícita o explícita, escribe para alguien. No siempre pensé así, o no en forma consciente. Cuando no pensaba así, escribía un diario personal. Lo escribí durante casi diez años y está compuesto por diez o más cuadernitos. No sé qué voy a hacer con ellos. Sueño con algún día escanearlos, usar AI para pasarlos a algún formato digital de texto, ver qué se puede rescatar, y después quemarlos.
Creo que una de las cosas que me hicieron dejar de escribir el diario fue cuando mi amigo Erik, en uno de nuestros primeros encuentros acá en Jerusalén, me dijo "uno siempre escribe para alguien".
Quizás estoy inventando y no haya tenido absolutamente nada que ver. Pero lo cierto es que más o menos desde entonces dejé de escribir mi diario.
No importa.
El punto aquí es que en cierto sentido en estos días volvió a mí la sensación de tener a alguien para quién escribir. Ya no es Facu. Quizás sean mi novia, mis amigos cercanos. Quizás algún Facu siga estando allí, lejano, esperando en algún futuro borroso. Me cuesta mucho soltar.
Pensaba que lo próximo que escribiría sería eso de lo que le hablé a mi amigo. De cómo el pueblo judío es una especie de organismo viviente, y que uno al percibirse parte de tal, comparte esa sensación, esa urgencia por perseverar en el ser colectivo.
Ahora pienso que no voy a escribir un texto entero sobre eso, no tengo suficiente qué decir. Y además ni siquiera leí a Hegel, más allá de un par de textos sueltos en un curso en el que me anoté en la facu de Filo. Pero sí querría soltar acá las pocas palabras que tengo ganas de decir sobre el tema.
Uno no exige de un ser vivo explicaciones de por qué quiere sobrevivir. Ningún ser vivo tiene por qué justificar su existencia, al menos no en términos morales. Y aquí por supervivencia no hablo de la supervivencia física de sus miembros.
Los individuos que forman al pueblo judío podrían probablemente garantizar su supervivencia en forma más efectiva borrando su identidad. Mi abuelo diría que no, que a la asimilación ya la intentaron los judíos en Alemania y los terminaron rastreando generaciones después para exterminarlos. Yo digo que posiblemente esa versión específica del antisemitismo tarde unos cuantos siglos antes de volver a ponerse de moda, si es que lo hace.
De todos modos, los individuos podrían eventualmente sobrevivir, y el pueblo, con sus miles de años de historia, morir, como han muerto y desaparecido tantas otras naciones a lo largo de los siglos. No por exterminio, sino sencillamente por disolución.
Mis padres eligieron asimilarse. O creyeron que eligieron eso; ellos dicen que se casaron uno con el otro por casualidad, no porque hayan buscado una pareja judía. Más allá de eso podría resumirse la utopía de mi padre en la canción "Imagine" de John Lennon.
Alguna vez discutiendo con él acerca del tema de la asimilación, mencionó esa visión utópica como explicación de por qué no siente un interés en la preservación del "pueblo judío". Las denominaciones que dividen a las personas en grupos solo demoran nuestra llegada a esa versión de la redención.
Mi problema con un mundo sin "fronteras, colores ni religiones", es que implícitamente este tiene que ser un mundo gris, con una sola ideología uniforme, un solo grupo uniforme de pertenencia, un solo color.
Además, las identidades no solo dividen. También agrupan. Es cierto que muchas veces agrupan en la negación de un otro. Pero esto no tiene por qué necesariamente ser así. Del mismo modo está cada vez más claro en los últimos años (o al menos está claro para gente con sensibilidades similares a la mía) cómo la falta de identidades en occidente lleva a una pandemia de soledad. Pandemia de alienación, falta de sentido de pertenencia, o de cualquier sentido, sobre todo entre masas cada vez más grandes de jóvenes, que a su vez encuentran en ideologías cada vez más extremistas el antídoto a esa falta de sentido y esa soledad.
Me estoy yendo por las ramas.
A mí me gusta el medio oriente porque es un mosaico. Me gustan los contrastes. Me gustan la variedad de tribus, vestimentas, tradiciones, idiomas. Lo triste es que tantas veces las mismas pasiones que habilitan la conservación de esas identidades, lleven a que unas quieran imponerse sobre las otras y borrarlas. No es un mundo simple ni tengo una solución que ofrecer aquí. Pero me gusta más Jerusalén que Tel Aviv.
Tel Aviv gusta pensarse a sí misma una ciudad más "diversa", en contraste con la conservadora Jerusalén. A mí Tel Aviv me parece bastante uniforme. En su gran mayoría ves gente secular viviendo un estilo de vida liberal, del mismo tipo que verías en cualquier otra ciudad más o menos occidental.
En Jerusalén ves judíos religiosos de todo tipo: conservadores sefaradíes, estudiosos haredíes de la rama lituana, jasídicos. Árabes de toda clase: los de las clases más populares, los de las élites de la ciudad vieja, mezclándose con los hipsters de izquierda, estudiantes de Musrara y Bezalel. Gente secular. Monjes armenios, rusos, católicos, etíopes. Inmigrantes recién llegados latinoamericanos, franceses, estadounidenses, alumnos de yeshivot.
Sigo yéndome por las ramas.
Creo que la supervivencia misma del estado de Israel depende de un frágil equilibrio —o tensión— entre Tel Aviv y Jerusalén. Entre el monte sagrado y la playa "Banana beach", entre el templo y el mercado, el encierro de la yeshivá y la apertura del puerto.
Es necesario que el conflicto entre ambas exista. Si alguna de las dos logra imponerse sobre la otra, sonamos.
Todo esto de conservar una delicada tensión interna es una buena oportunidad para regresar al tema de la vida y la homeostasis, con el que había empezado todo esto.
Cuando el "populacho" israelí canta "Am Israel Jai" (El pueblo de Israel vive), puedo identificarme en ese sentimiento. En el experimentar la pertenencia a un pueblo, una nación, como el ser parte de una suerte de ente viviente.
La forma en la que ese "sentirse parte" se experimenta, es esa "urgencia por perseverar en el ser" de la que hablaba antes, que posiblemente tenga que ver con eso de lo que hablaba mi amigo, con la sensación de sentirse "arrojado al mundo" y "ser para la muerte". El sentirse vivo no como individuo sino como parte de un organismo vivo mayor, que lo trasciende a uno, es un paliativo bastante efectivo para ese pánico frente a la conciencia de la propia finitud.
No es casualidad que esta canción, "Am Israel Jai", se cante en coro por gente eufórica haciendo pogo, muy a menudo seguida inmediatametne por la canción "HaIkar Lo Lefajed Clal" (Lo principal es no temer).
Es una especie de espiritualidad política. Quizás también por esto sea que es tan difícil separar al "pueblo judío" de la "religión judía".
![]() |
| "Día de Jerusalén", fiesta nacional en la que se canta mucho "Am Israel Jai", y en la que la gente de izquierda ya no se siente cómoda de participar, por decir poco. |
De nuevo, metafísicamente, todo esto de lo que hablo posiblemente encuentre dificultades para ser justificado, como decía mi amigo. Pero mi intención acá no es defender una tesis ontológica ni teológica. Solo explicar un sentir, personal, popular.
Una de las grandes cosas de vivir en este país en el que vivo es que ese sentir es tan universal que rara vez he sentido necesidad de explicárselo a alguien. Es lo dado por hecho. Quizás sea justamente por eso -porque es lo popular, lo obvio- que tantos israelíes educados en la cultura liberal, en una actitud típicamente "contraria", busquen activamente despegarse de ese sentir, o incluso sientan instintivamente por él cierta repulsión elitista, cierto "cringe".
Ahora, aunque mis nuevos lectores implícitos sean en su mayoría (o totalidad) israelíes o judíos y conozcan este sentir, todavía tengo ganas de seguir escribiendo esto en el tono en el que lo venía haciendo antes: en el de explicar a alguien que mira todo esto desde afuera cómo es que la gente como yo experimentamos el mundo. O como me dijo mi amigo Facu entonces:
¿Cómo un pibe que entiende lo que es el alma se puede terminar enlistando en el ejército de Israel?, eso es lo que no se puede entender...
Si quien está leyendo esto siente antipatía por el sionismo, le diría que con más razón debería tratar de entender estas cosas. Quien quiera enfrentar al sionismo, tendría mucho que ganar en entender las pasiones que lo alimentan. Conoce a tu enemigo, dicen.
Voy a empezar a terminar entonces esto con la que quizás sea la pasión más primordial que alimenta al sionismo. De hecho, la pasión de la que nació, y de la que hasta el día de hoy se sigue sustentando. Es la misma pasión primordial en la que me basé para definir el alma: miedo.
Quien quiera entender el sionismo tiene que entender lo siguiente, es lo más básico. Sin entender esto, todo este asunto de un estado judío en la tierra histórica de Israel, en medio del Levante, le va a parecer un delirio místico colectivo. Pero se va a estar perdiendo de lo fundamental.
Para introducir este miedo existencial tengo que hacer una aclaración muy importante acerca del holocausto.
Para la mayoría de los no judíos, o de la gente no familiarizada con la historia del pueblo judío, el holocausto fue un evento histórico horripilante que tuvo lugar en el siglo XX, y punto.
Los judíos no lo vemos así. Para nosotros el holocausto fue la culminación de dos milenios de persecuciones, masacres, expulsiones, que sufrimos desde que fuimos exiliados de nuestra tierra ancestral hace casi dos milenios.
Alguien podría empezar un debate entero acerca de si somos realmente o no descendientes genéticos directos de los mismísimos judíos que fueron expulsados. Pero eso no importa acá. Estoy hablando de cómo los judíos percibimos nuestra condición, no de cuál sea la verdad arqueológica y genética última.
Lo único que sí diría de este tema, siguiendo la alegoría del pueblo como organismo viviente, es que la gran mayoría de las moléculas de las que estamos compuestos se renuevan por completo cada cierta cantidad de años, y sin embargo seguimos autopercibiéndonos como los mismos, obstinados en perseverar en nuestro ser.
Ahora volviendo al holocausto. No, para nosotros no fue un evento aislado. De hecho, la misma tradición judía incluye en la noche de Pésaj una canción que dice "En toda y cada una de las generaciones se alzan contra nosotros para exterminarnos". Después procedemos a tomar vino y comer hasta el hartazgo.
Le pedí a Claude que me resumiera en un solo párrafo las expulsiones, humillaciones, atrocidades y difamaciones a las que fueron sujetos los judíos desde su expulsión de Judea a manos de los romanos, hasta la llegada de los nazis al poder. Salió demasiado largo. Quien quiera puede leerlo, quien prefiera puede pasarlo por alto:
"Desde la destrucción del Segundo Templo por Roma en el año 70 —con el saqueo de Jerusalén, la esclavización masiva de sus habitantes y la humillación ritual del desfile triunfal de Tito por el Foro, inmortalizado en su arco— y, más aún, tras el aplastamiento de la revuelta de Bar Kojba en 135, que dejó a Judea despoblada, rebautizada como "Siria Palestina" y a sus sobrevivientes vendidos como esclavos en los mercados de Gaza y Hebrón, el pueblo judío inició una diáspora forzada marcada por casi dos milenios de persecuciones, difamaciones y violencias; bajo el Imperio Bizantino y los reinos visigodos fueron sancionadas leyes de conversión forzada, separación y prohibición de cargos públicos; con el surgimiento de la cristiandad latina se consolidó la acusación teológica de "pueblo deicida" que serviría de base a siglos de hostilidad; la Primera Cruzada en 1096 trajo las masacres de Renania —Worms, Maguncia, Espira, Colonia—, donde comunidades enteras fueron asesinadas y muchas mujeres prefirieron matar a sus hijos y suicidarse antes de ser violadas o bautizadas a la fuerza; en la Inglaterra del siglo XII nació el "libelo de sangre" con el caso de Guillermo de Norwich en 1144, que acusaba falsamente a los judíos de secuestrar y asesinar niños cristianos para usar su sangre en rituales —una calumnia que se replicaría durante siglos en Lincoln, Trento, Damasco (1840), Tiszaeszlár (1882), Kiev (el caso Beilis, 1913) y tantos otros—, a la que se sumó la difamación de la "profanación de la hostia" que desató masacres en toda Europa central; la masacre de York en 1190, la expulsión de Inglaterra en 1290, las expulsiones reiteradas de Francia entre 1182 y 1394, y las matanzas durante la peste negra de 1348-1350 —cuando fueron acusados de envenenar los pozos y quemados vivos en Estrasburgo, Basilea, Maguncia y decenas de ciudades más— diezmaron la judería asquenazí; a ello se sumaron las humillaciones cotidianas impuestas por el IV Concilio de Letrán en 1215: la obligación de llevar distintivos amarillos o sombreros cónicos, el confinamiento en guetos cerrados (Venecia, 1516; Roma, 1555), la prohibición de ejercer oficios, de poseer tierras, de emplear sirvientes cristianos, y los sermones forzados a los que debían asistir bajo amenaza; en la península ibérica los pogromos de 1391 arrasaron las juderías de Sevilla, Córdoba, Toledo, Valencia y Barcelona, con masacres, violaciones masivas y conversiones forzadas que prepararon el terreno para la Inquisición y la expulsión de 1492; en el mundo islámico, pese a períodos de relativa tolerancia, los judíos vivieron bajo el estatuto de dhimmi —con la jizya, la prohibición de montar a caballo, de construir sinagogas más altas que las mezquitas y la obligación de usar ropa distintiva— y sufrieron episodios de violencia como la matanza de Granada en 1066, la de Fez en 1033 y 1465, y las persecuciones almohades; las masacres de Jmelnitski en Ucrania entre 1648 y 1649 exterminaron a decenas de miles de judíos en lo que fue el peor cataclismo anterior a la Shoá, con aldeas enteras arrasadas, sinagogas incendiadas con sus fieles adentro, mujeres violadas en masa y niños despedazados; en el Imperio Ruso, los zares impusieron la Zona de Residencia, las cuotas educativas, el reclutamiento forzado de niños judíos (los cantonistas) por veinticinco años, y desataron sucesivas olas de pogromos —Odesa en 1821, 1859, 1871 y 1905, los pogromos de 1881-1884 tras el asesinato de Alejandro II, Kishinev en 1903 con sus escenas de mutilaciones y violaciones que conmocionaron al mundo, Białystok en 1906— que culminaron en los pogromos de la guerra civil rusa entre 1918 y 1921, cuando entre 100.000 y 200.000 judíos fueron asesinados en Ucrania en medio de violaciones sistemáticas, torturas y saqueos; y, paralelamente, en la Europa occidental supuestamente emancipada, el caso Dreyfus en Francia, la publicación de los Protocolos de los Sabios de Sion en Rusia en 1903 —la falsificación antisemita más influyente de la historia—, las leyes discriminatorias en Rumania y un antisemitismo cada vez más racializado y organizado políticamente fueron conformando el caldo de cultivo ideológico sobre el cual el nazismo construiría, a partir de 1933, su proyecto de exterminio."
Los judíos, entonces, vivimos bajo la impresión de que nuestras opciones son las siguientes:
Una es una existencia como la que describe el texto que pegué acá arriba. Otra es asimilarse y, o bien desaparecer como pueblo, o salvarse solo, personalmente despegarse de él y de su destino. La tercera es tener un estado propio en el que seamos mayoría y en el que nos podamos defender. Y si ese estado puede tener bombas atómicas para pudrirla si todo lo demás falla, cuánto mejor.
![]() |
| Superclásico de la propaganda sionista. Funciona. |
De todos modos esa fue la alternativa que eligieron mis padres. Al ser gente liberal, sin un apego particular por la tradición, y con una antipatía hacia cualquier cuestión religiosa, es lógico que lo más natural para ellos fuera integrarse en la sociedad laica argentina, sin hacer de sus orígenes una cuestión. Si mi abuelo no está en lo cierto, e ideologías del tipo antisemita racial no vuelven enseguida, en un par de generaciones nos habríamos terminado de mezclar. Solo el apellido sería una molestia, pero llegado el caso se podría cambiar, como muchos otros judíos han hecho a lo largo de las generaciones.
Para cualquier judío secular que viva en la diáspora, y que no guarde un sentimentalismo demasiado fuerte por su identidad, esta podría ser una alternativa viable. Insisto: suponiendo que mi abuelo se equivoque, y que no vuelvan a aparecer movimientos dispuestos a rastrearnos genéticamente en las próximas generaciones.
Un problema con esta opción es que para los judíos religiosos o tradicionalistas sería imposible. Pero bueno, si uno es quiere ser progresista a rajatabla puede decir "problema de ellos por atrasados, que se jodan". O autoconvencerse de que hemos entrado, tras la segunda guerra mundial, en una era iluminada en la que los horrores del pasado no se van a repetir nunca de nuevo. De modo que incluso quienes conserven sus tradiciones no tienen de qué preocuparse, siempre y cuando eviten identificarse como algo parecido a una nación (Dios nos libre y guarde).
Ahora, para la mayoría absoluta de las personas que sienten, justificadamente o no, un deseo de que el pueblo judío persevere en su ser, el sionismo es, en la práctica, la única alternativa viable a toda la algarabía de la que Claude nos comentaba antes.
La gran mayoría de los judíos, tras la segunda guerra mundial y el holocausto, llegaron a la siguiente conclusión: ni siquiera la asimilación puede salvarnos, lo único que puede preserevar nuestra integridad física y colectiva es que tengamos nuestro propio estado nación para defendernos del resto. No podemos depender de absolutamente nadie más que nosotros mismos.
Pero para gran parte del mundo occiental, la conclusión fue exactamente la contraria: los nacionalismos son peligrosos y por ende el concepto mismo de estado nación debiera ser abolido. Quienes piensan así, se agarran la cabeza y no pueden comprender cómo puede ser que justamente después de terminada la guerra, los judíos, justamente, hayan declarado su propio estado nacional, en lugar de abrazar el universalismo humanista globalizante.
Como no senir tragicómico el verse enfrentado al acusativo "¡¿Es que no aprendieron nada del Holocausto?!"
Con esto termino:
¿Querés acabar con el sionismo? Convencé a los judíos de que nunca jamás van a ser atacados, difamados ni perseguidos. Convencé a los israelíes de que les conviene irse a vivir a Europa, a Estados Unidos, a América Latina (convencé a esos países de que les den ciudadanía ya que estás). Vas a tener que convencer a esta gente de que todos sus miedos son infundados, y que como decía antes, hemos entrado en una era iluminada en la que todas las barbaridades del pasado no se van a repetir. No en el mundo occidental, liberal, de los derechos humanos, no. Pero incluso a los religiosos vas a tener que convencer. Todos invitados a abandonar su proyecto "colonial", e integrarse en el mundo civilizado. Con garantías de que tendran incluso derecho a conservar su identidad distintiva, en su versión diaspórica no nacional, porque al fin y al cabo, ¿a quién podría molestarle en un mundo donde los nacionalismos han sido abolidos?
![]() |
| Como no acabar de una vez por todas con el sionismo (Carnaval de Andorra, 2026) |
Pero no, en los últimos años, todos los enemigos del sionismo se han dedicado a hacer todo lo más contrario posible a esto que les propongo. Mientras más hostil los judíos sientan que es el mundo, más se van a aferrar con uñas y dientes a la supervivencia de su Estado Nación. Y el mundo, se siente hostil, muy hostil.
Supongo que ahora es demasiado tarde. Tendremos que esperar que se recambien un buen par de generaciones antes de que podamos discutir esto de nuevo. Hasta entonces, buena suerte para todos.





Comentarios
Publicar un comentario